¡Aquí bienvenimos!
Concebimos que la educación es una responsabilidad de la comunidad educativa, es decir, de la comunidad en su conjunto. Y la vida ¿responsabilidad de quién es? ¿Cómo se justifica que tengamos un millón de niños desescolarizados, un 60 % de la población por debajo de la línea de pobreza? ¿Sabemos que los emprendimientos mineros cordilleranos en varias provincias están afectando la calidad del agua de esas y de las provincias mediterráneas? El caso ha llegado a Santiago del Estero, a Tucumán, a Córdoba y por supuesto a San Luis. ¿Por qué no hablamos de la doble moral existente en la sociedad que se verifica en las escuelas? La ética que impera en la calle ya está instalada en las escuelas, institución que una vez más tiene que cargar con responsabilidades para las que no fue creada ni tiene por qué cargar. ¡¿Hablamos de las nuevas enfermedades psiquiátricas que están afectando a maestros y médicos jóvenes? ¿Sabemos que los maestros y los médicos y para-médicos son el colchón que aminora el impacto público de este estrago social? ¿Sabemos que en el conurbano bonaerense en Argentina la expectativa de vida de los 'ni ni' (niños y jóvenes que no trabajan ni estudian) es de 25 años? ¿Sabemos, nos interesa, que la tercera parte de la humanidad esté en riesgo severo de muerte por derivados del hambre y las enfermedades? Qué ocurre con los sujetos humanos expectantes, es decir, inactivos, esos que esperan ver cómo se desarrollan los acontecimientos en la creencia de que intervenir no modifica nada? ¿Estamos incomunicados?! Será la decisión personal de cada uno apoyar o negar la importancia de cuestionamientos de este tenor, argumentando en este espacio las cuestiones que nos resulten de interés.
Aquí bienvenimos a todo aquél que sume la participación de su punto de vista con el objeto de intercambiar y avanzar en los conocimientos de lo que nos pueda ayudar a comprender el mundo en el que vivimos, la vida cotidiana, lo enigmático y lo simple, lo público, lo que nos aqueja y lo que nos sorprende y divierte o indigna o asombra.
Siempre hay un lugarcito para maravillarnos, ¿no?
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